Historia General de la Isleta


 

La Isleta indígena

No está nada claro el uso genérico que realizaron los indígenas canarios del espacio físico que conforma la Isleta. Hay constancia de que éstos habían usado parte del territorio como lugar de enterramiento en una gran necrópolis formada por túmulos. También construyeron en la Montaña de las Coloradas un complejo núcleo poblacional usando cuevas artificiales cuyo destino fue de almacenaje de grano y de habitación.
Por otro lado, las montañas de la Isleta fueron usadas como industrias líticas, tanto para la obtención de molinos para elaborar el gofio como para la fabricación de herramientas para múltiples tareas.
Debido a cómo se conformaba la sociedad indígena, algunos historiadores sostienen que pudo ser un lugar de residencia y trabajo de personas vinculadas a tareas mal vistas por la comunidad, como es el caso de los carniceros y de los que se relacionaban con el tratamiento del cuerpo de los muertos.

Conquista Castellana

La costa de La Isleta fue la elegida por Juan Rejón para iniciar, en el año 1478, la invasión de la isla de Gran Canaria, con la finalidad de ponerla bajo la soberanía de los Reyes Católicos. Tras su desembarco, ordenó la construcción de una torre defensiva que se convirtió en el germen del actual Castillo de la Luz.
Tras la toma militar de la Isla por los europeos, La Isleta pasó a ser propiedad de la Corona, no entrando en el reparto como premio entre los que habían ayudado a los Reyes Católicos en el sometimiento de los indígenas canarios.

Siglos de abandono

Debido a su orografía volcánica y su lejanía del núcleo poblacional de Vegueta, La Isleta estuvo al margen del desarrollo de la ciudad durante siglos.  En gran medida contribuyó a ello, su separación del Barranco Guiniguada por un gran complejo dunar que dificultaba su cultivo o tránsito.

La Isleta en venta

Domingo J. Navarro

El 4 de abril de 1859 la isleta salió a subasta pública. Resultó adjudicataria de la misma Domingo J. Navarro por 52.016 reales de vellón. Posteriormente, este cedería el derecho de remate a don Pedro Bravo de Laguna y Joven, que pagó por ella 37.750 pesetas.
Veinte de años después, en 1883, La Isleta se valoró en 250.000 pesetas, lo que supuso para su propietario unas plusvalías de 212.250 pesetas.

Primeros vecinos

En el momento en el que Pedro Bravo de Laguna compró La Isleta, solo estaba habitada por unas pocas familias que vivían en chozas cerca del Castillo de la Luz y de la iglesia cercana, donde se veneraba a la Virgen de la Luz.
Debido a sus contactos políticos, el nuevo propietario de La Isleta conocía los planes futuros que se reservaban para la zona, la construcción de un puerto que sustituyera al de San Telmo, casi impracticable para el atraque de barcos.

El despertar del barrio, la construcción del Muelle de la Luz

En el año 1854 se inicia la construcción de una vía que conectara el Barrio de Vegueta con La Isleta. Dicha vía recibió por parte de los vecinos del barrio, el nombre genérico de «La Carretera», denominación que se ha mantenido hasta la actualidad. La misma se finalizó en el año 1868 y se convirtió en una infraestructura imprescindible para el futuro puerto.
El 26 de febrero de 1883 se puso la primera piedra de la construcción del nuevo puerto de la Isla de Gran Canaria. Ese hecho histórico sería el que definiría la conformación de La Isleta como asentamiento humano vinculado a la actividad generada en su muelle cercano.
La población del barrio pasó, en solo 40 años, de 100 habitantes a 20.000 personas que llegaron a la zona atraídas por las ofertas de trabajo que se generaban en el nuevo recinto portuario.
La mayoría de esos nuevos pobladores llegaron desde Lanzarote y Fuerteventura, islas en las que se vivía una gran crisis económica. También gentes del interior de Gran Canaria decidieron fijar su residencia en el barrio.
Bravo de Laguna, consciente de las posibilidades económicas que le ofrecía esa emigración, construyó casas de madera y de piedra para alquilar a las familias que llegaban al lugar, a cambio de una renta mensual.

Vivienda de madera de finales de 1890. Se encontraba en la calle Veneguera nº 25

Quien no disponía del dinero para afrontar el pago de alquileres se establecía sin ningún tipo de orden donde buenamente podían, construyéndose una choza sin las más mínimas garantías sanitarias.
Estos asentamientos fueron descritos por Margaret D´este en 1907 de la siguiente forma:

«Solo se puede acceder al lugar favorito para un picnic, la Bahía del Confital, situado en los alrededores, yendo por los barrios más sucios del puerto y luego tomando un camino por un lugar yermo, lleno de latas y de montones de basura; y la orilla, entre la ciudad y el puerto, está convertida en una ruina total en lo referente a  la belleza, al haberse llenado de casas de baja calidad y al habérsele utilizado como vertedero para todo tipo de basura».

Expropiación para uso militar

En el año 1898 España pierde la colonia de Cuba y entra en guerra con los Estados Unidos de América. Los servicios secretos navales norteamericanos empiezan a maniobrar con la intención de favorecer una invasión de la Isla de Gran Canaria a partir de la toma del Puerto de la Luz. Para evitar esa contingencia, las autoridades españolas deciden expropiar a la familia de Bravo de Laguna, 4,7 Km2 de su propiedad en La Isleta.
Ese suelo sigue siendo en la actualidad zona militar.

Intento de ordenar urbanísticamente el barrio

Colocación alcantarillado en la Isleta. Foto de Teodoro Maisch.

A principios del siglo XX los habitantes de La Isleta se hacinaban en más de 500 infraviviendas de madera o piedra seca, sin servicio de alcantarillado ni de recogida de basura. Esta precaria situación propiciaba tanto la existencia de epidemias como una gran mortandad infantil que convertía al barrio en un lugar insalubre lleno de «pozos negros».

Para intentar paliar las referidas carencias, las autoridades empiezan a realizar proyectos de urbanización para la zona, intentando mejorar la calidad de las viviendas y cubrir las necesidades sanitarias del barrio.

El inicio de las mejoras en la habitabilidad del barrio se iniciarían a finales de la segunda década del Siglo XX, cuando el Ayuntamiento inicia una plan de reordenación de las chabolas que implicaba el pago de 500 euros a cada infravivienda y la entrega de planos para el inicio de la construcción de una nueva vivienda con abastecimiento de agua y desagüe de tuberías.

La mayoría de las personas que se acogen al plan son trabajadores vinculados a la actividad portuaria, lo que marcará el devenir futuro del barrio como un enclave eminentemente obrero. Por otro lado, ese tipo de viviendas terreras será la que conformará la fisonomía del barrio casi hasta la actualidad, como un lugar de casas terreras donde sus vecinos conviven a pie de calle, desarrollándose entre ellos un gran sentimiento de pertenencia a La Isleta.

Un segundo impulso

Foto de Bonnet del Puerto de La Luz, cedida por Santiago Gutiérrez Guerra

En el año 1933 se culmina el Muelle Grande, con lo cual se ampliaba la capacidad de los muelles de la isla. Ese aumento del tránsito de personas y mercancías repercutiría en el barrio de La Isleta con el relanzamiento de la actividad ejercida por los «cambulloneros», dedicados a negociar con los tripulantes y pasajeros que recalaban en nuestros muelles.

Francisco “Pachiquito” y Mariano Torres conocido por “Mariano Cámara” en barco danés, vendiendo mantelería canaria, bisutería, etc… Década de los 50.

Otra circunstancia que acelerará el desarrollo del barrio será la llegada del turismo de masas a partir de los años 50 del siglo pasado. Para dar servicios a los nuevos visitantes se crean hoteles y pensiones, a la vez que se multiplican los lugares de ocio para la gran cantidad de jóvenes que se acercan a La Isleta para cumplir el servicio militar.

Ese nuevo progreso volvió a servir como efecto llamada poblacional hacia el barrio a partir de 1960. Los nuevos vecinos recurrieron a nuevos asentamientos en chabolas, sobre todo en la zona del Confital, y en el aprovechamiento de las azoteas para construir infraviviendas.

La mejora de la economía productiva se vio reforzada por circunstancias internacionales. El primer cierre del Canal de Suez en el año 1956, desvió todo el tráfico marítimo mundial hacia los puertos de Gran Canaria. En sus escalas, los marineros buscaban diversión y prostitución, lo que propició que los alrededores de la calle Andamana se convirtieran en un núcleo de casas de alterne, bares y cabarets. Esa situación se volvería a producir en el año 1967, con el segundo bloqueo que sufrió dicho canal.

Encuentro de comunidades

La cercanía de la isla al Banco Pesquero Canario-Sahariano hizo que la mayoría de las flotas pesqueras que faenaban en él situaran su puerto base en los muelles de Gran Canaria. De esta forma, La Isleta se convirtió en un lugar donde convivían ciudadanos japoneses, coreanos, cubanos y rusos, en plena armonía.
El aumento del tránsito de personas que propiciaba el gran auge que vivían los muelles de La Isleta hizo que también se reforzara la presencia de comercios hindúes, sobre todo en las calles de la Naval y Juan Rejón.

La gran crisis

La bonanza económica que aportaba el sector portuario se vio perjudicada por la crisis del petróleo del año 1973. Los altos precios del crudo repercutieron en todas las actividades productivas donde fuera necesario el combustible, como es el caso del tránsito marítimo.
En Canarias, esa disminución de negocio se agravó por el inicio del período democrático y por la entrega del Sahara a Marruecos y Mauritania. La consecuencia directa de estos factores fue la existencia entre 1975 y 1980 de numerosos conflictos laborales que tuvieron como protagonista al barrio de La Isleta.

La desaparición de la URSS y la gran disminución de las flotas asiáticas agudizaron la crisis económica, cuya puntilla fue la eliminación de Canarias como Puerto Franco tras la entrada de España en la Unión Europea.

La crisis económica pasó una gran fractura social a barrio. La droga y el abandono de comercios ya sin clientes, creó zonas marginales, sobre todo alrededor de la hasta entonces floreciente calle Andamana y aledaños.

El presente

En la actualidad, la circulación de La isleta hacia el resto de la ciudad se encuentra bloqueada en las horas puntas por la mala planificación que se realizó en la zona de la Torre de Las Palmas. A eso hay que sumarle las pocas vías de desahogo que existe para salir del barrio, agravada por la concentración de tráfico rodado que genera el Muelle y la Zona Industrial del Sebadal.

Los precios de las viviendas en La Isleta se han disparado, entre otras cosas por la dedicación de muchas de ellas a viviendas vacacionales y por la adquisición de las mismas por extranjeros que las usan como segunda residencia.

Las nuevas construcciones proyectadas en el barrio son de torres de viviendas que rompen su tradicional trama arquitectónica a la vez generan un importante aumento poblacional que puede repercutir en la calidad de los servicios que reciben sus vecinos y vecinas.

El barrio sigue adoleciendo de una gran Casa de la Cultura donde se puedan desarrollar actividades de esa índole a la vez que sirva como punto de encuentro del movimiento vecinal de la zona.


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