Callejero


Calles Tanausú y Vacaguaré

Calle Tanausú:

Calle Vacaguaré:

Tanausú era un Mencey de la isla de La Palma que opuso una feroz resistencia a la invasión española de su tierra. Ante la imposibilidad de ser derrotado en una lucha cuerpo a cuerpo y cara a cara, los castellanos le realizaron, por medio de un tal Juan de Palma, una oferta de Paz. El Mencey no dudó del honor de los conquistadores y accedió a parlamentar con Alonso Fernández de Lugo en la localidad hoy denominada El Paso.

Cuando llegó al lugar del encuentro, Alonso mandó apresarlo inmediatamente. Una vez capturado, fue embarcado con muchos de sus seguidores para ser vendido como esclavo. Durante toda la travesía Tanausu se negó a tomar cualquier tipo de alimento, repitiendo constantemente »Vacaguaré, Vacaguaré» (que significa quiero morir, quiero morir). En mayo de 1493 murió de hambre y de tristeza por la añoranza de la libertad perdida de su pueblo.
Hoy, más de quinientos años después de su muerte, su gesta sigue viva y es recordada en nuestro barrio otorgándosele los nombres de Tanausu y Vacaguare a dos de nuestras calles.


Calle Juan Rejón, «La Carretera» o calle La Carretera de Juan Rejón

Aún hoy, después de muchos años, es frecuente que un vecino o vecina de nuestro barrio responda, al ser preguntado sobre el lugar donde compró algún objeto, que lo adquirió “en la carretera”. Por esa expresión las personas de mediana edad que residen desde siempre en esta zona hacen referencia a la calle Juan Rejón, vía donde se ubica uno de los símbolos de la Isleta, el Castillo de La Luz.

En dicha calle, entre los cincuenta y los sesenta, se instalaron los primeros negocios de ropa del barrio, símbolos de la transformación que iba a producirse en nuestra sociedad tras la llegada del turismo. Entre estos primeros establecimientos destacó el comercio de “Mercedes la de la tienda” y “Ataman”, junto a la dulcería “La Porteña”.

Por aquella época aún eran muchas las calles del barrio sin asfaltar, siendo Juan Rejón la primera vía que aparecía siguiendo criterios urbanísticos modernos, tanto en su trazado como en su asfaltado. De ahí que fuera denomina por los vecinos como “la carretera”, en contraposición de las vías tradicionales que ya existían en el entorno. Tras el auge económico de los sesenta, la calle se fue llenando de comercios hindúes, convirtiéndose en un referente de ese tipo de establecimientos en todo el estado español. Además, contó con un centro comercial propio, el ya desaparecido Alcorde.
Poco a poco, tras el cierre de los accesos directos al muelle que antes tenía la calle, los comercios de la zona fueron perdiendo clientela, en beneficio del Parque Santa Catalina.

En el año 2015, los vecinos de La Isleta participaron en una votación no vinculante para decidir cuál era el nombre adecuado de esta calle. Las opciones eran que se siguiera llamando Juan Rejón o La Carretera. En concreto, de 833 personas que respondieron a la pregunta «¿Está usted de acuerdo en cambiar el nombre «Juan Rejón» por el de «La Carretera?», 429 (51%) votaron que sí y 393 (47%) optaron por el no, mientras que ocho (0,9%) depositaron en la urna voto en blanco y tres (0,3%) lo hicieron nulo.

A pesar de que ganó la opción de cambiar el nombre de la calle, el ayuntamiento decidió unir ambos nombres en la misma vía, por lo que pasará a llamarse «La carretera de Juan Rejón».


Calle Faya


Una de las vías de nuestro barrio que va a desembocar a la Calle de La Naval recibe el nombre de “Faya”, escrito con “Y” griega, a diferencia del apellido del músico español Manuel de Falla, escrito con elle. Entre nuestros vecinos existe un gran desconocimiento del porqué de esa denominación, siendo muy pocos los que identifican dicho nombre con las raíces mas profundas de nuestro origen como pueblo ya milenario.

Esta calle recibe su nombre en recuerdo y memoria del último Faycan de nuestra isla. Los Faycanes, eran los sacerdotes de los primeros canarios, perteneciendo la mayoría de ellos a la nobleza isleña. Entre los cometidos de los Faycanes, estaba repartir las tierras, recaudar semillas para próximas siembras y celebrar las ceremonias en que se nombraban nobles a los canarios que destacaban en la sociedad de su época. También era el encargado de llamar a la lluvia golpeando con ramas la orilla de la marea, como aún se hace en la tradicional fiesta de la Rama, en Agaete.

El último Faycan que mantuvo viva la tradición cultural y las creencias de los primeros canarios fue, precisamente, Faya, el cual, una vez que comprobó que nuestra isla había perdido la libertad de la que había gozado en los últimos siglos, se abrazó al guerrero canario Bentejui, en la Fortaleza de Ansite, donde se habían refugiado. Allí se arrojaron al vacío, al haber preferido la muerte antes de ver como su patria perdía la libertad y sus creencias ancestrales eran sustituidas por el cristianismo.

El paso a la historia de Faya, quizás, no es tan conocido como el de otros aborígenes, pero a pesar de ello su sacrificio sigue siendo hoy conmemorado en el nombre de una calle de nuestro barrio.


Calle Guanchía

Desde hace muchos años, la historia venía señalando que tras la conquista del Archipiélago por los españoles, los primeros canarios fueron exterminados al ser vendidos como esclavos. Sin embargo, estudios posteriores han venido a desmentir esa teoría para señalar que después de la conquista los indígenas siguieron viviendo en las islas, algunos uniéndose a los nuevos pobladores y otros manteniendo su propia identidad. Según esos estudios el grupo sanguíneo predominante entre ellos era el O+, transmitiéndose esa cualidad a la mayoría de la población canaria actual.

Una de las pruebas de esa supervivencia la encontramos en el término de Guanchía que aparece dando el nombre a una de nuestras calles. Por Guanchía se hace referencia a una parte del municipio de Teror en la que se establecieron muchos de los primeros canarios a vivir tras la conquista. Allí siguieron practicando la forma de vida que habían llevado antes de la llegada de los colonizadores. Aún hoy ese pago de Teror se caracteriza por sus cuevas convertidas en casas donde vivieron esos aborígenes que hicieron posible que el sustrato antropomorfo de los primeros canarios no se perdiera y estuviera presente aún en nuestros días, 500 años después de la colonización de nuestra tierra.

Por esa razón, una de nuestras calles recuerda ese asentamiento originario llevando con orgullo el nombre de Guanchía.


Calle Adargoma

Adargoma fue uno de los primeros canarios que pasaron a la historia por su fuerte resistencia a la conquista española del archipiélago, desconociéndose a ciencia cierta cual fue su final. Cuando Juan Rejón llegó a nuestras costas y se estableció en el denominado Real de Las Palmas fue atacado, el 30 de junio de 1478, por las tropas canarias del sur de la isla, al mando de Doramas, Maninidra, Adargoma y por guerreros de la zona norte, al mando de Bentaguayre, Tazarte y Atindana.
La lucha fue bastante violenta, siendo vencido en primer lugar el ala izquierda del ejército invasor; el cual huyó en desbandada ante el empuje de Adargoma ya que, según los cronistas, Adargoma abatía a un soldado en cada golpe de maza.

Ante los estragos causados por el caudillo canario, Juan Rejón junto a su alférez, centraron sus esfuerzos en herirlo, cosa que lograron no antes de que éste tirara de su caballo al propio Juan Rejón. La herida de Adargoma causó desconcierto en sus hombres, que se alejaron para reagruparse, a la espera de los guerreros que venían en su auxilio desde Agaldar. Cuando éstos llegaron, decidieron retirarse en espera de mejor ocasión en que presentar batalla a los conquistadores. Tras la batalla, Adargoma quedó prisionero en el Real de Las Palmas, desconociéndose si murió por las heridas recibidas o fue vendido como esclavo. Su arrojo y su amor a la libertad quedan hoy reconocidos en nuestro barrio, mediante la pervivencia de su nombre en una de nuestras calles.


Calle Miguel Hernández Febles


En Las Coloradas se rinde tributo a Miguel Hernández Febles, primer vecino de la zona, rotulando una calle con su nombre. Durante su vida participó de forma activa en la vida social de Las Coloradas, llegando a  ser miembro de la Asociación de Cabezas de Familias de las Coloradas, organización que nació a principios de los años 60 del siglo pasado con una variada finalidad  social y que en su momento tuvo una gran repercusión en el barrio.

Se estableció allí a finales de la década de los 50 junto a otros vecinos que empezaron alquilando los solares donde construyeron sus casas, para posteriormente adquirirlos en propiedad. Junto a otros residentes en el barrio se vio obligado a luchar por ir dotando a Las Coloradas de equipamiento, ya que en sus inicios no existían ni calles, ni alcantarillado o carretera en condiciones que lo uniera con el resto de la ciudad.


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