En el recuerdo


Teatro Cine Hermanos Millares

En la parcela donde hoy se ubica el Hotel Imperial Playa, en la calle Tenerife, se encontraba hasta el año 1968 el Teatro Cine Hermanos Millares. El mismo se inauguró en 1931 gracias a la iniciativa de un grupo de amigos que habían adquirido el solar años antes. En sus inicios se proyectaban en él películas mudas, adaptándose rápidamente al sonoro para disfrute de los vecinos del barrio.

En su faceta de teatro recogió representaciones de todo tipo, incluyendo recitales de poesía y musicales. Fue testigo del debut de Mary Sánchez y del estreno de obras de Pancho Guerra o Víctor Doreste.

Se convirtió en el lugar preferido del pueblo llano para asistir a actos culturales y el punto de encuentro de los jóvenes culturalmente inquietos de una dura época marcada por la Guerra Civil.

Algunas de las películas proyectadas en él despertó la ira de los curas del barrio, como fue el caso de Gilda, protagonizada por Rita Hayworth, que costó a su propietario, Domingo Hernández, la excomunión.

El cine cerró sus puertas, tras 37 años de actividad cultural, el 30 de noviembre de 1967. Tras su cierre, el edificio fue derribado y en su lugar se construyó el Hotel Imperial Playa.

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Cine Litoral


Muchos vecinos de La Isleta de mediana edad, guardan recuerdos de su infancia y juventud ligados al Cine Litoral. Se encontraba ubicado en la esquina entre las Calles Bentagache y Blas de Lezo y fue inaugurado el 28 de diciembre de 1962. Tenía capacidad para 690 espectadores en su patio de butacas de madera. Estuvo operativo hasta el año 1982.

El edificio fue proyectado por el arquitecto Antonio Cardona y Aragón, el mismo que realizaría los planos del cine Victoria.

Tras su uso como supermercado, en la actualidad se encuentra en ruinas, a pesar de albergar en su interior la ilusión de muchos isleteros que «vivieron” en él peleas de Kung Fu, edificios en llamas, ataques de gorilas gigantes e invasiones extraterrestres.

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La Piscina

Foto propiedad de Francisco Jerez Álvarez

Los vecinos de la Isleta conocen al polideportivo municipal  «Jardín de Infancia», situado en la calle Tinguaro número 20, con el sobrenombre de «La Piscina».

La construcción original que dio origen a dicha denominación fue inaugurada a marchas forzadas con fines propagandísticos el 18 de julio de 1950. En ella había una piscina y varias canchas de baloncesto que habían sido proyectadas solo un año antes.

El recinto acuático estaba llamado a servir para la celebración de campeonatos oficiales, objetivo que nunca pudo cumplir. Por un error las calles de la piscina tenían 25,16 cm de más sobre las medidas reglamentarias, lo que hacía inviable su uso olímpico.

Desde un principio su uso estuvo abierto a todos los vecinos del barrio y su llenado se realizaba con  agua de mar bombeada desde la «Casa Roja».

En ella aprendieron a nadar muchos de los niños de la zona, al igual que sirvió para los entrenamientos de varios clubs de natación del barrio, como el RC Victoria.


Volcán de la Esfinge

El volcán de La Esfinge, de 136 metros de alto, formaba parte del paisaje natural de La Isleta.

Hoy en día no queda nada de ese volcán, su contenido es parte de los rellenos de los muelles del Puerto. Actualmente ocupa su lugar una cantera.


Cine Victoria

Hasta el año 1994 el Cine Victoria ofreció a los vecinos de la Isleta tardes de entretenimiento sin necesidad de salir de barrio. Estaba ubicado en la esquina de la Calle Princesa Guayarmina con Saucillo e inició su andadura el 20 de julio de 1945.

Tras una ampliación realizada a finales de la década de los años 60 del siglo pasado, llegó a alcanzar un aforo de 700 espectadores.

En tiempos en que la oferta de ocio para los más pequeños y los jóvenes era escasa, la única posibilidad de entretenerlos era acudir a una de sus sesiones, tras comprar golosinas en el propio cine o en alguno de los carrillos que estaban situados cerca de él.

La llegada de los multicines a Las Palmas de Gran Canaria, con una cartelera más variada en cada sesión, abocó al Cine Victoria a su cierre definitivo.
Durante un tiempo, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria valoró la posibilidad de convertirlo en la sede de la Universidad Popular en el barrio, pero la idea nunca se materializó.

Al final, el Cine Victoria fue destruido y en el solar que ocupaba se construyó un bloque de viviendas.

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La Fábrica de Hielo (FHARPE)

Fue construida por Lloret y Linares en el campo de Fútbol del Victoria, a la entrada del denominado Muelle Grande, en el año 1948.

Sustituyó a las instalaciones que dicha empresa tenía en los actuales aparcamientos Saba, destinadas a producir hielo. Estuvo operativa hasta 1982.

Fue el último edificio industrial vinculado a la actividad portuaria en desaparecer en Las Palmas de Gran Canaria. Parte del solar en la que estaba ubicada se destinó a la construcción de torres de viviendas, manteniéndose intacta solo la edificación de fachada que da a la calle Carretera Juan Rejón, la cual está protegida.

Esta parte del edificio se ha destinado a Centro de Día y en el mismo se encontraban las oficinas de la fábrica de hielo.

Antes de su demolición, sus almacenes sirvieron para recrear la embajada nazi en Casablanca, en la película Aliados dirigida por Robert Zemeckis y protagonizada por Brad Pitt en el año 2016.


Las salinas de El confital

El Confital acogió en el pasado una de las mayores salinas de Gran Canaria. Aún se pueden observar sus restos, restos que si nadie lo remedia, están abocados a su total desaparición.

Fueron construidas en el siglo XIX siguiendo el denominado modelo Mediterráneo, en el cual los recintos llamados a formar la sal son hechos con barro aprisionado. Este tipo de ingenio salinero es diferente al  tradicional usado en Canarias, donde la sal se deposita en charcos naturales a la orilla del mar.
Su funcionamiento era muy sencillo. Un molino de viento sacaba el agua del mar y la repartía a los cocederos por medio de un acueducto de piedra de unos ochenta metros de largo. Para facilitar la tarea, se había excavado un pozo justo en la base del molino.

El agua se dejaba reposar en esos cocederos y desde allí, mediante acequias, se trasladaba a los denominados tajos, charcos artificiales donde se iba formando la sal al evaporarse el agua.

En sus mejores momentos las salinas del Confital llegaron a producir unas 120 toneladas de sal al año.

Su explotación era encargada por sus propietarios a un salinero, el cual residía junto a su familia en un edifico de madera anexo al complejo productivo que a la vez servía de almacén.

Uno de los salineros más recordado en La Isleta es Celestino, la  última persona que desempeño ese trabajo en el Confital. Las salinas de La Isleta estuvieron en uso hasta el  año 1956. En dicho año, los herederos de Pedro Bravo de Laguna recuperaron su propiedad y decidieron despedir al salinero y poner fin a su actividad.

Las salinas no solo jugaron un papel importante suministrando sal a la población. El agua de los tajos donde se generaba un alga unicelular denominado  Dunaniella Salina era usada como antiséptico tanto para infecciones de los ojos o de la boca.

Olivia Stone las visitó en el año 1884 y las describió de la siguiente forma:

«Muy amablemente nos mostró su finca. Un pequeño molino de viento bombea agua salada hasta la altura de los depósitos de evaporación -las almacerías de pepinos que acabamos de ver desde arriba- que están hechos de una tierra rojiza que se encuentra en la zona, bien compactada. Los depósitos tienen 4 m cuadrados y una profundidad de un pie, más o menos.
Hay 300 en funcionamiento, aunque tiene la intención de ampliar las salinas y ocupar una mayor extensión de esta pequeña meseta.
Las salinas llevan funcionado 5 años. Don Pedro nos informó, sin que se lo preguntásemos, que el primer año la producción de sal fue de 16 fanegas, de 150, el segundo, de 300, el tercero, de 700, el cuarto y de 1200, el año pasado.
La producción del año pasado se vendió en 180 libras. En un almacén de madera situado muy cerca, vimos parte de la sal. Se vende tal como sale de los depósitos de evaporación, sin ningún proceso de purificación o recristalización.
Parece azúcar cristalizada corriente, con cristales pequeños, desiguales y sucios. Pese a que la mayor parte del contenido es cloruro de sodio, este residuo del agua del mar debe contener también otros tipos de sales.
Nos interesó sobre todo lo sencillo que era todo el proceso.
No hay que gastar nada en energía para que funcione. El viento bombea el agua, elevándola, y podemos decir que es el sol quien fabrica la sal. Durante la época más calurosa del verano es, por supuesto, cuando se produce la mayor cantidad de sal. El sol y el viento se alían para convertir estas islas en afortunadas. Las mayores salinas de esta isla, que funcionan exactamente igual que las que acabamos de describir, se encuentran en el extremo sur, en Juan Grande.»


El  Lazareto

Muchos mayores del barrio siguen conociendo a la actual calle 22 de mayo con su antigua denominación: Lazareto. Ese nombre obedecía a que allí se situó en 1875 un hospital destinado a servir como lugar de cuarentena para  los viajeros que pasaran por el Muelle de la Luz con síntomas de enfermedad.

El ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria cedió el uso del almacén con que contaba el edificio, para almacenamiento de bebidas alcohólicas, por lo que la zona también fue conocida como «los depósitos comerciales».

Una vez el Lazareto fue expropiado para uso militar en la primera década del siglo XX, un nuevo Lazareto se creó en la Base Militar de Gando. Pero el recuerdo del Lazareto siguió vivo en el barrio, dando nombre a la calle limítrofe a la zona militar. La vía adquiere su nombre actual de Calle 22 de Mayo en el año 1986,  en recuerdo a los bomberos fallecidos en un incendio ocurrido en dicha fecha.

En unas obras realizadas en el año 2019, para la instalación de un nuevo cableado eléctrico, aparecieron los restos de los muros del desaparecido Lazareto.


La factoría de Escobio

En el año 1917 se inauguró en la zona de La Puntilla una factoría para el proceso del pescado por parte de la empresa Pesquerías Canarias S.A. Popularmente se la conocía en el barrio como la «factoría Escobio», en referencia al nombre de sus propietarios.

El mal olor que producía se extendía por todo el barrio, lo que generó numerosas protestas entre los vecinos.

La instalación estuvo operativa hasta los años 60 del siglo pasado. Durante muchos años, las ruinas del edificio remataron el Paseo de Las Canteras hasta su total demolición y posterior construcción de la actual plaza, garaje y restaurante.

En ese mismo lugar se había proyectado la construcción del auditorio, pero tras las protestas vecinales se decidió al final ubicarlo en la zona de La Cicer.


La fábrica de muñecas Solneli

 

Aunque no lo parezca, La Isleta tiene también un pasado industrial digno de ser puesto en valor. Entre las actividades empresariales que nacieron en el barrio, una de las más recordadas es la de la fábrica de muñecas que existió en la calle Osorio.

La misma fue fruto de la iniciativa de Joaquín Márquez Ramírez y un socio alicantino. Antes de su apertura, los Márquez se dedicaron a la creación de figuras de yeso, actividad que reconvirtieron en la puesta en funcionamiento de la mencionada fábrica de muñecas.

Las muñecas era fabricadas en serie por trabajadores, en su gran mayoría mujeres vecinas del barrio.

Uno de sus canales de venta fueron los cambulloneros que compraban y vendían a las tripulaciones y pasajeros que visitaban nuestro puerto, como lo atestiguan las fotos tomadas a bordo de alguno de los buques que visitaban.

El nombre de la muñeca, Solneli, era un acrónimo de los nombres de las dos hijas de los socios que fundaron la empresa: Soledad (hija del socio andaluz) y Neli (hija de Joaquín Márquez)

Tras el cierre de la fábrica, en la década de los 60 del siglo XX, la familia abrió en el mismo lugar una tienda.


Cine La Luz

En abril de 1952 abrió sus puertas el recordado Cine La Luz, de la mano de los hermanos Wood. Estos eran ya propietarios de otros cines en Las Palmas de Gran Canaria, concretamente el Wood Cinema de Tafira y el Cine Bahía.

Con su puesta en funcionamiento el barrio contó con tres salas de cine: el Teatro Cine Hermanos Millares, el Teatro Cine Puerto y este.

Al igual que otros recintos similares, junto a la actividad de proyección de películas, fue también usado para diferentes tareas. Entre ellas podemos destacar la vacunación masiva contra la rabia de perros en el año 1965 o la actuación, en 1973, del grupo musical «Los Sancochos».

Estaba situado en la calle Benartemi nº 66. Su aforo era de 630 espectadores acomodados en butacas y estuvo en funcionamiento hasta el año 1972, momento en el que su edificio pasó a ser usado como almacén. En la actualidad está en venta y posiblemente en un futuro se construirá una promoción de viviendas.


La noche en que La Isleta no durmió

El 20 de agosto del año 1947, a las 11 de la noche,  se produjo un gran incendio en el polvorín donde se guardaba la munición de los destacamentos militares de La Isleta. Aunque la tradición popular habla de una «explosión» realmente esta nunca existió antes del inicio del fuego.

Las llamaradas asustaron a todo el barrio y la gran mayoría de vecinos huyó hacia el resto de la ciudad, por miedo a que tras el incendio se generara un gran estallido como el que había ocurrido algunos días antes en Cádiz. En esa ocasión, la explosión causó 150 muertos y más de 5.000 heridos, por lo que los isleteros temían alguna consecuencia similar en el barrio.

El incendio se apagó tras varias horas y según la prensa de la época solo hubo un fallecido, aparentemente por el susto, en la zona de la Puntilla. Se trató de un anciano llamado Miguel González apodado «el barquillero».


El barrio de El Refugio

El límite sur de La Isleta fue durante mucho tiempo el barrio de El Refugio, situado entre las actuales calles de Alfred L. Jones y Gran Canaria. El «progreso» vivido por ese entorno después de los años 60 lo hizo desaparecer como lugar habitacional para dar paso a hoteles, residencias y bazares.

Su nombre se debía a que era «puerto de refugio» donde convivían pescadores y cambulloneros al calor del Muelle de Sanapú.

De su pasado vinculado al mar y a la actividad portuaria del desaparecido barrio solo queda la estructura de metal de los almacenes de carbón de la compañía «Cory Brothers», actualmente convertido en una pista de patinaje.


La fábrica de velas

En el lugar donde actualmente se encuentra la Ferretería Hermanos Perdomo, en la calle Pérez Muñoz esquina con la calle Salvago, se ubicó a partir de los años 40 del siglo XX una fábrica de velas. El proyecto de su construcción corrió a cargo del Arquitecto Miguel Martín-Fernández de la Torre, por encargo de la entidad Guarino-MoruzziGaravote, presidida por Manuel Hernández Garavote.  En ella se fabricaban velas con el nombre comercial de «La canaria Industrias de Bujías», denominándose genéricamente «Velas Canarias». Dentro de su estrategia publicitaria estuvo el patrocinio, en los años 60 del pasado siglo, del C.D. Velas Canarias.

En el año 1972 la empresa fue absorbida por «Velas Archipiélago».


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